Hace poco pudimos visitar el Pivobar, un pequeño (bueno... muy pequeño) local que hará las delicias de los aficionados a la comida y la cerveza del país centroeuropeo.
Sentarse en una de sus mesas (siempre que no estemos en ola de calor) te puede llevar a probar un excelente gulash que te harán saltar las lágrimas, no solo por el toque picantón de su versión Mad'arský gulás (algo así como gulash húngaro, aunque no sea eso al 100%), así como la versión Segedínsky gulás, (cuyo nombre proviene de la ciudad de Szeged, en la frontera de Hungría con Serbia), con chukrut y un sabor más ácido y amargo.
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| Mad'arský gulás |
Chorizos, ensalada rusa, queso frito, salchichas encurtidas etc... E incluso si tienes mano quizás puedas llegar a probar este pedazo de pastel casero de nuez y miel que hará que le de un ataque al más dulcer@.
Sin duda, hay que decir que Jarmila, el alma matter del local, es una excelente cocinera y una simpática anfitriona. Además los precios no son nada caros para estar a pocos metros de la Sagrada Familia y, sobre todo, por la calidad de la comida que sirven en una zona donde reina la mierdburguer para turistas.
El local es todo un referente para la comunidad checa y eslovaca de la ciudad, pero cualquiera se sentirá más que feliz con el trato amable y la alegría (creciente a medida que se vacían las jarras) de sus parroquianos.
Pero como no podía ser de otra manera, otro de sus alicientes está en su oferta cervecera, corta pero intensa. Nunca falta el barril de Pislner Urquell, que en ocasiones podremos encontrar en la edición limitada: sin filtrar ni pasteurizar, la beligerante Budějovický Budvar, que lleva años peleando para que los yankies le devuelvan su nombre y dejen de ensuciarlo en su Budweiser, y una de las sorpresas que me llevé: su Master Tmavý 18°.
Nos encontramos ante una Dunkler Bock realmente buena, de color marrón oscuro, con una buena capa de espuma que aguanta bastante en la jarra "urquell" en la que la sirven. Los aromas caramelizados y a frutas rojas asaltan la nariz sin piedad alguna.
El trago es muy sabroso, dominado por las maltas caramelizadas y con un toque tostado, finalizando con un punto amargo del lúpulo que conjuga genial con su perfil maltoso.
Es una cerveza con cuerpo, pero que no se hace nada pesada y muy bien balanceada. Su dulzor no se hace para nada empalagoso, y eso que normalmente las cervezas dulces no son mis favoritas, pero ésta Master está realmente muy buena.





