Adrián Mateos, de Cerveza Rudimentaria, nos invita a reflexionar sobre los elaboradores nómadas, una práctica habitual y que cada vez se extiende un poco más debido al crecimiento de la producción artesanal en muchos países.
En primer lugar, hay que entender que si existen elaboradores nómadas es porque son "rentables" en todos los eslabones de la cadena productiva. Por que hay que tener muy claro que en primer lugar, estamos hablando de una actividad productiva, y como tal, precisa de un simple axioma para seguir adelante: rentabilidad.
La colaboración, o joint venture, es algo muy común en la industria, otorgando ventajas y desventajas a todas las partes implicadas. Yo mismo, en mi trabajo, una parte de mi producción es para terceros, y convive a la perfección con el producto propio, complementando la actividad.
En este aspecto pienso que la existencia de este tipo de productores es rentables para los tres agentes en juego.
Los Elaboradores con Fábrica: para ellos es interesante acoger a productores nómadas que puedan rentabilizar la maquinaria siempre y cuando no esté al 100 % de su capacidad. Esto les permite además centrarse en el proceso productivo, dejando atrás otros procesos que también necesitan tiempo y dinero, como son la creación y puesta a punto de la receta y, sobretodo, el proceso comercial de la venta del producto, sin duda el más engorroso de todos.
Una instalación parada es un coste, y en cualquier industria es algo que se pretende reducir al mínimo.
El Elaborador Nómada: para ellos las ventajas son obvias. No necesitan una planta de producción por lo que no necesitan una elevada inversión inicial, permitiendoles centrarse en los dos procesos antes mencionados: creativo y comercial.
El hándicap: no tener un control total del proceso, la espera de un hueco para la fabricación, la posibilidad de que determinado productor cope sus líneas y ya no le sea rentable seguir con la colaboración, regulación de lotes (cervezas iguales), cuestiones legales, etc...
Evidentemente el fabricar en unas instalaciones que no son propias tiene un sobrecoste (algo ha de ganar el elaborador), por lo que este incremento debe ser absorbido o bien por él mismo, bajando su rentabilidad, o bien por el consumidor, que deberá pagar un precio más elevado por el producto.
El Consumidor: sin duda la parte más beneficiada de todas, pues tendrá a su alcance toda una gama de productos que no llegarían a las estanterías de ningún otro modo. La complicidad entre productor y creador será básica para que nos llegue un producto atractivo a nivel perceptivo y económico.
En cuanto al debate, más polémico, de si un elaborador es "más" elaborador si ejecuta todos los eslabones del proceso que si subcontrata una parte, pienso que para el consumidor no es algo que finalmente le afecte en el producto final. Para mí, es algo que no me condiciona en la elección de una cerveza.
